Salir de casa. Recorrer largas distancias. Tener que trabajar largas jornadas aunque eso signifique tener que dejar a los niños en casa, expuestos y solos. Esta es la historia de 8.2 millones de mujeres. Son jefas de familia en México, de las cuales un 46% vive en pobreza. Gabriel Rivera, fue testigo del sacrificio que hacen miles de madres para sustentar sus hogares en Monterrey, México. Conmovido por esta necesidad y considerando sus años de experiencia generando desarrollo a través de servicios financieros, decidió crear Altitud. Plataforma social que apoya PyMEs de mujeres con préstamos, capacitación y conexiones.

Gabriel Rivera, fundador de Altitud, junto a dos beneficiarios de sus préstamos

Gabriel y su equipo crean un modelo de negocio sostenible, por la falta de oportunidades de empleo. Su objetivo es mejorar la situación económica de jefas de familia involucradas en el sector textil. La industria textilera si bien genera empleo de fácil acceso, requiere de largas jornadas y los salarios suelen ser bajos.

¿Cómo lo hace?

Mediante préstamos de activos productivos como máquinas industriales, Altitud empodera a mujeres para que inicien su propio negocio desde casa. Les brinda la oportunidad de generar ingresos dignos, sin descuidar a la familia. Las mujeresm cuyo crédito fue aprobado, reciben capacitaciones, donde aprenden a confeccionar diferentes prendas de vestir. Posteriormente Altitud las conectan con diseñadores y otras empresas de la industria textilera para que ellas puedan ofrecer sus servicios.

A diferencia de otros modelos tradicionales, Altitud parte de la importancia de la integración familiar. Su equipo se mueve por una filosofía ganar-ganar. Donde todas las partes involucradas, desde el equipo hasta los beneficiarios tienen la oportunidad de crecer y desarrollarse.

¿Cuáles han sido los resultados?

Altitud nació en el año 2012. Desde ese momento, ha atendido a 1000 mujeres, cuyos ingresos lograron incrementar casi un 40%. El 92% de ellas trabajan desde casa sin tener que dejar solos a sus hijos. Estas mujeres a su vez, han logrado generar empleo para otras 3556. Principalmente, vecinas o familiares que viven en los alrededores. A esto se suma la flexibilidad laboral que les permite ser sus propias jefas. La satisfacción personal que genera en cada una de ellas. Por ello se refueraza la seguridad en sí mismas y en su capacidad de moldear su futuro.

¿Cómo conoció Agora y su programa de aceleración?

El equipo de Agora recibió a Altitud con mucha calidez y profesionalismo -en palabras de Gabriel. Un vínculo, que hoy en día, le ha generado mucha satisfacción. Además, ha sido de gran utilidad para el crecimiento de Altitud. En su experiencia en la aceleradora, logró desarrollar un modelo económico. Este les permite visualizar el futuro con base en proyecciones para poder tomar decisiones. Adquirieron y aprendieron a utilizar un paquete de herramientas. Se incluyeron métricas de impacto, plan de crecimiento, modelo financiero y entre otras. Todo esto necesario para comunicarse con inversionistas.

Gabriel escucha sobre Agora, a través de las diferentes alianzas que Altitud creó a lo largo de los años. Esto a través de Fabric for Change. Un movimiento internacional que tiene el propósito de mejorar las condiciones de la industria textil. Fueron llevados por una organización a otra. Estaba maravillado por la posibilidad de participar en un programa de Agora, con amplias oportunidades de conectar con diferentes inversionistas. Aplicó y fue aceptado para el primer ciclo del año 2018.

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Posterior a la aceleradora, Altitud tuvo muchos cambios acompañados de nuevos logros. Por una parte hicieron ajustes en la forma de trabajar en equipo, e inclusive se aumentó el personal. Debido a la consultoría, pudieron sentar las bases de dónde estaba. Hacia dónde tenían que ir y tuvieron una idea más clara de lo que debían hacer mejor. “Ha sido la mejor experiencia. Te guía a cosas concretas con la habilidad increíble de entender el negocio y ver áreas de oportunidad”.

Por otra parte, lograron presentar su proyecto ante oportunidades de inversión como KIVA y con mucho éxito obtuvieron un crédito. Una experiencia que a Gabriel le pareció increíble de inicio a fin. Fueron claros explicando lo que podía funcionar o no. La transparencia desde el principio. Nos dijeron “vamos a trabajar juntos”, y tuvimos el respaldo de Agora en todo momento. Sin ellos no lo hubiéramos logrado.

En cinco años, Gabriel ve a Altitud trascendiendo a otras partes de México y del mundo. Atender a 3500 mujeres más.

De manera personal aconseja a otras personas que están emprendiendo que sigan adelante. Que no les importe que otros consideren que el problema que desean resolver es una locura. Al final del día lo más importante no es la parte económica. Sino la mejora que puedes llevar a otros a través de tu producto o servicio. El fielmente cree que para hacer de su país un lugar mejor, se necesita de más emprendedores dispuestos a seguir. Apostando por un “sí” aunque en el camino se encuentren con muchos “no”.

Gabriel está satisfecho con el crecimiento de Altitud antes y después de la aceleradora. Por eso, se llena de mucha inspiración. Nos cuenta que aquello que lo hace perseverar es la fe en todos los sentidos. La seguridad de lo que no se ve. El no estar seguros sobre lo que el futuro les depara. Pero con la fe de que trabajar por esas mujeres es una buena causa. Y que va a funcionar.